"No voy a comprar más la fragancia Maple y Calabaza."
Recuerdo perfectamente ese mensaje.
Al leerlo me sorprendí. Era una fragancia que muchas personas elegían por la sensación cálida y acogedora que transmitía. De hecho, yo misma solía recomendarla cuando alguien me decía que buscaba un aroma que evocara hogar.
Mientras leía, pensé que simplemente no había conectado con la fragancia. Que quizás no era lo que esperaba o que había encontrado otra con la que se sentía más identificada.
Seguí leyendo.
"Me recuerda tanto a mi mamá, que partió hace algunos años, que cuando la enciendo no paro de llorar."
Todavía me emociona recordarlo.
Durante unos minutos me quedé mirando la pantalla sin saber qué responder.
Había recomendado esa fragancia muchas veces. Conocía sus notas dulces y especiadas. Sabía describirla. Sabía qué sensaciones despertaba en la mayoría de las personas. Sin embargo, aquella noche comprendí algo que nunca había pensado de esa manera.
Yo había sugerido Maple y Calabaza pensando en una sensación de hogar.
Ella también estaba hablando de hogar.
Pero no del mismo hogar.
Mientras para mí era una fragancia cálida, reconfortante y perfecta para una tarde tranquila, para ella era la cocina de su madre, los momentos compartidos, las conversaciones, las costumbres y todo aquello que seguía viviendo en sus recuerdos.
De pronto entendí que ella no estaba hablando de una vela.
Ni siquiera estaba hablando de una fragancia.
Estaba hablando de una persona que seguía presente cada vez que ese aroma volvía a llenar una habitación.
Aquella conversación permaneció conmigo durante mucho tiempo.
Me hizo pensar en la cantidad de historias que desconocemos cuando entregamos una vela. En los recuerdos que cada persona guarda. En cómo una misma fragancia puede despertar emociones completamente distintas según quién la perciba.
Desde entonces, cuando alguien me pregunta qué aroma elegir, ya no pienso solamente en las notas aromáticas o en las características de una fragancia. También pienso en todo aquello que un aroma puede traer consigo.
Pienso en las historias que ya existen antes de que una vela sea encendida.
Pienso en los recuerdos que esperan silenciosamente hasta encontrar el aroma capaz de despertarlos.
Aquella conversación me recordó algo que desde entonces no he vuelto a olvidar.Detrás de cada fragancia hay una historia que no aparece en ninguna etiqueta. Una historia que no fue creada por quien elaboró la vela, sino por quien la enciende.
Las fragancias llegan a nuestras manos como una combinación de notas aromáticas, pero permanecen por todo aquello con lo que terminan vinculándose en nuestra vida.
Maple y Calabaza dejó de ser solamente una fragancia para mí aquella noche.
Desde entonces, cada vez que la preparo, recuerdo que los aromas tienen una capacidad extraordinaria; traer de regreso lugares, momentos y personas que siguen viviendo dentro de nosotros.
Aquella noche entendí algo sobre los recuerdos que viven dentro de las fragancias.
Tiempo después descubrí que cada fragancia también tiene una historia propia, incluso antes de llegar a nuestras manos.
Si deseas dejar tu comentario, te leo atenta. Nos encontramos en el próximo artículo.
Grace.
4 comentarios
Grace… sin dudas el saber la dedicación que pones en cada vela hacen que te elija, escuche, lea….me encantó lo que relataste… antes de leerla, leí (valga la redundancia) tu posteo en instagram y cuando leí la primer Fragancia dije hay no… hasta que leí… quiero probar la de Caoba y Teca.!!
Y si… seguir recordando….
gracias Grace! tus velas me acompañan en cada momento, y las fragancias son Divinas, crean momentos únicos e irrepetibles. Las tengo para todo, terapias, clases, talleres….lavanda siempre presente, pero Dharma y Dark son especiales.. abren mi corazón a sensaciones que solo con ellas aparecen, gracias
Hermosa historia. A mí Velas me ha acompañado en diferentes etapas de mi vida y no puedo pensar en una ocasión especial sin su compañía.
Que lindo Grace!
Me pasa algo similar con la de naranja y azafrán, me transporta a un lugar que aún no tengo muy claro pero que se siente familiar, agradable, abrazador.
Me emocionó mucho esta historia!